
Cuando el fracaso toque a tu puerta, ábrele. Invítalo a pasar, pídele que se siente y ofrécele un café: que te platique que lo trae por tus rumbos. Escúchalo mirándole a los ojos. Atiéndelo cortésmente, como a cualquier visita. Pero si te dice que planea quedarse un tiempo a vivir en tú casa, no le ofrezcas la recámara principal. Dile que no tienes espacio disponible, ya que todas las habitaciones están ocupadas por la dignidad...
No hay comentarios:
Publicar un comentario