
Hoy ha muerto el último oso panda que quedaba vivo sobre la tierra. El mundo entero dejó de respirar un segundo del impacto. Los gobiernos de absolutamente todos los países del orbe organizaron una ceremonia fúnebre en el exacto lugar de su fallecimiento, el zoológico de Ecatepéc, con todos los honores para el buen descanso del alma de aquel que, según las estadísticas y su condición única y última, fue el ser vivo más fotografiado en la historia de la humanidad, incluido el Papa. Tan lamentable deceso provocó el minuto de silencio de mayor tristeza que ojos humanos hayan registrados. El extraordinario porte y la sin igual figura de quien fuera el último representante de dicha especie fueron llorados durante el velatorio más conmovedor y con mayor lujo y pompa del que se tenga memoria alguna. El Papa se golpeaba contra la pared de su alcoba. He ahí un digno representante de su estirpe, era el encabezado del cien por ciento de los periódicos del planeta. He ahí al último oso panda, que murió dejándonos la imagen de un ejemplar maduro, lleno de vida y facultades plenas, para que el recuerdo de los suyos sea precisamente el de un mamífero con entera fortaleza y lucidez envidiables. El Papa montó en tal cólera que se quedó completamente calvo en cuatro horas. Ecatepéc se volvió el centro energético y religioso de mayor trascendencia entre la población terrícola. Las monedas de más de setenta países cambiaron su nombre por el de “panda”. ¿Cuánto cuesta el DVD con la vida y obra de quien amamos tanto? Su precio es de nueve pandas, señor. Las conciencias del mundo entero sacudieron sus anquilosados estándares y destinaron partidas presupuestales enteras a la preservación de especies en peligro de extinción. En Angola por ejemplo ya no saben qué hacer con la cantidad tan enorme de rinocerontes blancos paseándose por las calles de sus ciudades. Los tigres siberianos, sin ir más lejos, se han reproducido tanto que es posible encontrarlos hasta en Oklahoma. Ahora está tan barato el marfil, extraído de elefantes sorprendentemente multiplicados, que ahora se pavimentan las carreteras con ese material. Hay tantos gorilas ya, que hasta sindicalizados están. The Coca Cola Company cambió la forma de su tradicional botella por la de un panda sonriente. El Papa salió a su balcón y no había nadie en la plaza, solamente palomas (que de esas siempre ha habido un chingo en todos lados). Medallas conmemorativas con el último panda, imágenes de todo tipo en blanco y negro (los colores de moda), templos en su honor, camisetas, gorras, pasquines, llaveros, marcas de ropa y perfumes, programas de televisión, patrocinios estratosféricos, canciones, ventas de discos, (los DVDs ya subieron a veintitrés pandas), libros, revistas especializadas, conferencias, mesas redondas, plagios severamente castigados, milagros atribuidos, asociaciones filantrópicas, turismo pujante para Ecatepéc, el rating altísimo, estudios de mercado, la bolsa como nunca a la alza, y el Papa se arrojó desde su balcón. Cayó de nuca. Los bares llenos y la gente feliz, la corrupción desapareció, la población sobrepasa los índices deseable de plenitud y la dicha mundial es beligerante, vaya que sí. Y por si fuera poco, la pobreza, el hambre, las enfermedades, los vicios, el narcotráfico, los Estados Unidos, y la intolerancia étnica y racial desaparecieron. Perdimos una especie, pero ganamos tantas cosas con su partida. Sí, hay cosas que sería mejor que no existieran...
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